viernes, mayo 20, 2011

Así de tramposos

Lo que teníamos para decir del bochorno parlamentario de ayer (y de los bochornos previos que terminaron en lo de ayer), lo dijo esta mañana el filósofo Darwin Desbocatti:

El Frente Amplio tiene finalmente lo que más le gusta a una fuerza política. Y la gente del Frente Amplio que estaba a favor de esta ley interpretativa –que no es toda, ni por asomo, pero que eran unos cuantos– también tiene lo que más le gusta a cualquier colectivo: un chivo expiatorio en el cual depositar todas sus frustraciones, y especialmente donde ocultar todas sus ineptitudes.

Porque ahora resulta que la culpa de lo mal que el Frente Amplio ha tratado este tema, de lo vergonzoso que ha sido, de lo inoportuno, ineficaz, manipulador y mentiroso que ha sido el Frente Amplio con este tema –que a muchos les duele y con razón–, todas esas miserias y demostraciones de incapacidad han quedado escondidas debajo de una alfombra llamada Semproni, un viejo tupa de 75 años que se reviró y se quedó con todos los deshonores que les correspondían a sus compañeros y a los inútiles de los políticos que han manejado la ley de caducidad de pésima forma, haciendo dos –no uno: dos– plebiscitos de forma inoportuna y mal calculada, a puro voluntarismo irracional, y que después quisieron cagarse en todo eso y sacar las cosas de pesado en nombre de las fuerzas del bien.

Pero ahora toda esa ineptitud insoportable, increíble, indignante –porque recordemos que esta gente se dedica a eso: a la política; esto sigue siendo política y ellos hicieron todo mal, pero todo mal, en el 89 y en el 2009–, queda desenfocada gracias a la aparición de Semproni, y todos son buenos y capaces, y Semproni es el único asco de esta tierra y el responsable de todos los males.

Es una hermosa manera de atestiguar la manera en que funcionan los colectivos, Macro. Así somos, así de tramposos somos todos, señor. El ser humano es un asco de autoindulgencia, una bolsa de huesos, pelos, carne y autojustificación permanente. Nada le sale más fácil al individuo que el perdón a sus propios errores garrafales, desviados hacia algún gil que saque la cabeza en el momento justo y dé la chance de endilgarle todos los males del universo a ese bananita, llámese Semproni o llámese el gil que dobla en una calle que no es y todos le pasan lento y le descargan todas las frustraciones de su vida en una y mil puteadas.

El resultado es: todo lo que hice mal yo y la gente que piensa como yo puede ser perdonado por mí mismo y por el grupo, puede ser pasado por alto siempre y cuando encontremos la válvula de escape que se lleve todo el aire podrido que acumulamos durante años. Pero siempre aparece el chivo expiatorio. O sea que gracias, Semproni.

2 comentarios:

  1. Señores, me saco el sombrero. Como siempre, Darwin, tan necesario. ¡Salú!

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  2. Después hubo que ver (y oír) al mismo Potato Head banalizando su propia tortura y justificando su comprometida posición asegurando que hasta había perdido un testículo en la dictadura. Con razón le chupó un huevo!

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